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El día que defendimos la democracia.


Escribo este artículo con el cuerpo aun adolorido y la memoria fresca desde el centro de La Paz, a mi retorno de Quito, un día después de haber sufrido la brutal represión y la criminal arremetida de tropas policiales enfrentadas con la democracia.

Esta mañana fui amablemente recibido por la representante diplomática de un país hermano en Quito que me recriminó agriamente por arriesgar la vida en una pelea que no era la mía en contra de principios de respeto del derecho internacional. Recuerdo a las dictaduras que supieron reunirse sin importar las fronteras para reprimirnos, para desaparecernos, no pude evitar discutir con la diplomática para reafirmar mi convicción de que la sociedad civil no puede estar limitada por las fronteras, no deben dividirnos con banderas.

El 30 de septiembre en ejercicio pleno de nuestro derecho como ciudadanos latinoamericanos sumamos nuestra presencia a la de miles de ecuatorianos y resguardamos la principal garantía de la supervivencia de nuestra libertad: la democracia.

Los medios escritos del Ecuador no se extienden en relatar los hechos que esta crónica pretende exponer, como un reconocimiento a los hermanos con los que luchamos en las calles de Quito cercando nada menos que un Cuartel Policial.

El inicio, comienza el cerco.

Al iniciar la tarde se sentía en la ciudad cierto nerviosismo, los negocios en su mayoría habían cerrado las puertas ante la amenaza de sufrir saqueos por la falta de policías en las calles. El transporte público aun funcionaba con relativa tranquilidad, aprovechando esto nos dirigimos en taxi lo más cerca posible del regimiento policial en cuyo complejo se sitúa el Hospital Policial donde el Presidente Rafael Correa se encontraba retenido desde la mañana.

El Cuartel Policial se encuentra ubicado en una de las múltiples elevaciones de Quito, en la base de esta iniciamos caminando nuestro recorrido hacia la cima. En el camino nos encontrábamos con grupos que armaban pequeñas barricadas previniendo que los “chapas” (policías) suban por esa ruta, estaban conscientes de la importancia de su trabajo de retaguardia pues una arremetida policial desde esa zona habría dejado a los compañeros de arriba en medio de dos fuegos.

Descripción lugar.

La Traición de los Chapas.

Mientras subíamos nos llegó una gran noticia: la policía (los chapas) tenía un quiebre interno y un grupo subía –en medio de aplausos- hacia el cuartel para sumarse a nuestra lucha, llegamos al cerco y vimos a los primeros civiles heridos y a los compañeros desconcertados.

El grupo de chapas al que aplaudían cuando llegó al complejo policial reveló sus verdaderas intenciones y comenzó a atacar a la gente que segundos antes les animaba, habíamos sido traicionados y atacados arteramente, la consigna cambiaba: ni un sólo chapa más pasa por acá.

El fuego, y el respeto en medio de la violencia.

Las fogatas comienzan a aflorar en las calles, el objeto: tener un alivio para los gases lacrimógenos que nos arroja la policía, en la lucha por acercarnos más hacia el hospital policial, los chapas tomaron un hospital aledaño y desde ahí nos provoca y lanzan piedras hacia la multitud, hasta que nos acercamos e inician con el bombardeo.

Aparecen llantas para alimentar el fuego, cuando estas escasean alguien sugiere tomar los vehículos estacionado –bastantes- en la calle, pero eso no pasa. En medio de tanta violencia ni uno de estos vehículos o propiedades es afectada. Venimos a defender la democracia no a dañar a los hermanos que viven en la zona.

Desinformación e infiltrados.

Nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurre, algunos compañeros informan a través de las redes sociales por intermedio de sus celulares, el mío no tiene señal de cobertura.

A lo largo del cerco los rumores abundan: que el presidente ya sale, que vienen los militares, que existen fuerzas que se sublevan, que medios han sido tomados por los chapas, llegan mensajes de texto afirmando que hay policías infiltrados de civil que están usando armas de fuego y es mejor retirarse; sólo hay un aparato de televisión que funciona en un caseta de seguridad privada que además abastece de electricidad a los celulares con baterías exhaustas después de tantas llamadas para asegurarnos que los compañero siguen vivos y sin heridas.

Al menos en tres ocasiones aparentes infiltrados nos animan a subir a recibir al Presidente.

Llegan los Tractores.

Llegan maquinarias y camiones amarillos, incluso veo un cisterna de combustible que sube por la Avenida, algunos compañeros suben en ellos y se suman al mejor blanco para las balas policiales.

Con este nuevo aire se rompen las paredes del hospital civil desde el que éramos provocado y atacados, retomamos el hospital y con esto una última –la última- calle paralela de resguardo contra las balas y bombas de gas.

Se rompen tuberías de agua, bajo la advertencia de que los compañeros no usen el agua como alivió del gas pues sólo empeorarían la situación.

La segunda traición de los chapas.

La noche comienza a caer y aparecen personas que, aprovechando la desinformación, nos animan a subir hacia el Hospital. Los chapas han sido vencidos, con alegría subimos hasta un punto en el que no existen calles paralelas donde resguardarse de las piedras y gases.

Veo a los ojos a uno de los policías y apenas tengo unos segundos antes de que las bombas comiencen a caer el contra nuestra, nuevamente fuimos engañados. Y ahora los chapas disparan las bombas hacia el cuerpo de la gente, muchos heridos.

Emboscados, pero sin miedo.

Estoy en el grupo de vanguardia en esta ocasión y ante los gases se inicia una estampida hacia las calles paralelas, son dos cuadras de distancia. Comienza una estampida y una reacción espontánea para calmar a la gente. Los paramos mientras corren y les señalamos el camino a gritos de: “con calma compañeros, no corran” evitamos una tragedia y llevamos a rastras a los compañeros más afectados hacia la fogata más cercana.

En medio de la confusión los policías aprovechan para avanzar hasta las calles perpendiculares antes inexpugnables, confiamos en ellos y dejamos desguarnecida la retaguardia. Con motocicletas entran a nuestros sitios “seguros” y apresan a algunos compañeros.

En medio de la confusión algunos compañeros se refugian en el lado contrario a nuestras “calles de seguridad” y entran a la derecha al hospital retomado. Pero los chapas aprovechan y retoman el hospital y apalean brutalmente a los compañeros.

El auxilio a los heridos.

Al inicio todavía hay autos disponibles para trasladar a los heridos, pero en este momento en que los chapas comienzan a disparar las bombas directamente contra la gente –y no en trayectoria de hipérbole- ya no sólo para disuadir o repeler a la gente sino para lastimar y además con piedras que nos arrojan ya no existen autos disponibles y tenemos a compañeros heridos.

Los intoxicados por el gas son auxiliados y llevados a las calles todavía seguras, pero existen casos más graves e iniciamos un sistema de gritos llamando auxilio y grito a grito, cuadra a cuadra, la voz de “Ambulancia!!!” corre entre nosotros hacia abajo, cientos de metros más abajo. Esta será, a lo largo de la resistencia, la única forma de pedir auxilio para los caídos.

Los comerciantes.

Los efectos del gas se sienten de manera brutal, algunos los evitan con barbijos, otros improvisan mascaras con pañuelos, bufandas u cualquier prenda. Todo sirve en este momento.

Los mejores paliativos son acercarse a una de las fogatas de nuestras calles seguras o fumar un tabaco (cigarrillos) o al menos pedir a alguien que te sople el humo en la cara. Comenzamos a distribuir los tabacos disponibles, pero no alcanzan.

En medio de todo el conflicto algunos comerciantes venden los cigarrillos por unidad a 25 centavos de dólar en las zonas seguras, a 30 en las zonas de riesgo y hasta a 40 en medio del dolor de una bomba. Nadie se plantea reclamar o arrebatar los cigarros, me sorprende el enorme respeto en momentos de violencia.

Una panadería se mantiene abierta y nos aprovisiona –previo pago- de comida y agua. En todo el conflicto no vi ni una sola gota de alcohol. Corre el rumor de que los chapas están bajo los efectos de algún narcótico.

Los Infiltrados y la falta de líderes.

Después de las traiciones y emboscadas estamos escarmentados, se forman rondas alrededor de algunas personas que nos piden que nos retiremos y a la vez contravoces de los que piden identificación a estos nuevos expositores.

Después de una revisión dejamos pasar algunos vehículos cuando una autoridad de alto nivel es reconocida y nos pide el paso para ir a socorrer a un Ministro herido.

La paranoia se expande y comienzan a sospechar de todo aquel que no sea reconocido, todos somos sospechados, no existe ninguna voz confiable. Nos han mentido demasiado en todas estas horas.

Al fin, llegan los militares.

Después de cinco horas –desde que llegue- de enfrentamiento al fin llegan los militares, son muchos camiones camuflados, camionetas y vagonetas de lujo que avanzan rápido sobre nuestras fogatas, vemos además a soldados a pie que avanzan hacia el hospital, hacia el Presidente.

La mayor parte de estos uniformados sólo cargan escudos y lanza granadas de gas, en ese momento no lo notamos.

Al grito de “Ecuador, Ecuador!” los recibimos con ovaciones, todos los grupos corremos detrás de ellos. Imaginamos la inminente rendición; no es lo mismo disparar contra civiles desarmados que contra esta fuerza organizada. Nadie imagina lo que nos espera.

El desastre.

En medio de la arremetida de los militares sucede lo impensado, los policías comienzan a disparar contra los militares y por lo tanto contra nosotros.

Nos echamos al piso, buscamos las calles seguras, veo al menos dos heridos civiles por las balas. (algún medio informa de balas de goma, o salvas, puedo asegurar que fueron balas reales las que hirieron).

Nos escondemos, escapamos de la brutalidad. Los militares responden al fuego se escuchan tiros que salen de los edificios civiles que antes nos brindaban seguridad. Sólo podemos acercarnos a las paredes de los edificios, veo balas rebotar contra las calles.

El tiempo se hace inmenso en medio de esta situación, pero calculo que al menos por media hora se da el fuego cruzado. Aún así continúan los gritos de “Ecuador, Ecuador!!”.

La salida del presidente.

Llega una noticia cierta, la TV –supongo que única del guardia de seguridad privada- transmite en directo la salida del presidente, nos levantamos y salimos a la avenida, raudamente salen las vagonetas con vidrios polarizados, sacado chispas en su recorrido y comienzan los disparos hacia esta caravana que –al venir de los costados- llegan hacia nuestras calles seguras.

Estamos contentos pero ahora el riesgo es mayor.

Escape.

La gente esta shokeada, nadie imaginó semejante desenlace, continúan las balas y buscamos rutas de escape.

Escuchar las balas a metros de ti, los gritos de “ambulancia!!!” y las balas rebotando en las calles genera miedo pero sobretodo unidad, guiamos a la gente, corremos pegados a las paredes, ingresamos a una zona de viviendas y escapamos.

Corre el rumor que algunos chapas escapan –disparando- por estas vías. Llamaos a los compañeros perdidos, fijamos un punto de reunión y escapamos, el presidente ha sido liberado.

Esta crónica omite horas de lucha, heridas personales y de los amigos, y los nombres de activistas de Derechos Humanos con los que luchamos porque no quiero comprometer a los amigos, espero que este resumen haga un homenaje a los heridos y los compañeros que sin preguntar nacionalidades resistieron con nosotros codo a codo y lágrima a lágrima.

Entre los gritos escuché el “ALERTA, ALERTA, ALERTA que camina, la espada de Bolívar por Toda América Latina” anterior a los movimientos bolivarianos y que espero se escuche ante cualquier otra amenaza a nuestra democracia.

Esta no fue una lucha por un presidente o contra una policía. Esta ha sido una resistencia por la Democracia.

El presidente en su rueda de Prensa agradeció al pueblo que resistió en las calles, pero siento que no se da el reconocimiento que merecen los hermano que pusieron el pecho a las balas en la jornada del 30 de septiembre.

Las armas son del pueblo y no podemos permitir que vuelvan a usarse en su contra.

Comentarios

Mario Duran Chuquimia ha dicho que…
Excelente cronica.
bgc76 ha dicho que…
Muy interesante, espero que mejore la situacion en el pais hermano de Ecuador, saludos.
La Vero Vero ha dicho que…
De las crónicas que faltan para ponerle sábanas a los invisibles de siempre en estas coyunturas.
juan josé ha dicho que…
Gracias por comentar, hast anostalgía me entró de leer comentarios :)
Asesino De Leyendas ha dicho que…
Muy buena crónica, excelente relato de los hechos, desde un punto de vista muy personal y una posición definida.
http://la-patria-grande.blogspot.com/ ha dicho que…
Muchas frases para rescatar, y me quedo con esta: "...la sociedad civil no puede estar limitada por las fronteras, no deben dividirnos con banderas."

Felicidades por esta crónica, y por el compromiso e integridad que demuestras en ella.

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